3 de diciembre de 2011

Fútbol


El fútbol tiene en España una gran importancia sociológica. Sin embargo, hay intelectuales que se afanan en considerar a este deporte como el culmen de la idiocia colectiva, despreciandolo y despreciando a quienes lo siguen. Quienes así piensan, argumentan que el fútbol el es pan y circo contemporáneo, un instrumento diseñado por el poder para mantener a la gente atontada y evitar así que piensen para liberarse del yugo que les tienen impuesto. 

A esta teoría van unidos multitud de frases tópicas del tipo "esta gente no debería cobrar una millonada por correr detrás de una pelota de cuero", o del tipo "todo el mundo viendo el Madrid-Barcelona cuando en Africa los niños se mueren de hambre", frases que por su extrema simpleza no merecen ser comentadas.


Los intelectuales que son la punta de lanza de esta oposición al fútbol mantienen así una actitud de la que se deduce que, según ellos, los españoles deberían reunirse los domingos en los bares para debatir sobre Platón y Spinoza, y que quizá en vez de bufandas de sus equipos deberían llevar túnicas o pelucas dieciochescas.

 El fútbol distrae de pensar, y allana el camino para que nos manejen a su antojo. A este razonamiento, que debidamente matizado puede tener su parte de verdad, reducen un fénomeno que en realidad es bastante complejo y tiene una significación mucho mayor que la que ellos le atribuyen . 

El fútbol es un fenómeno poliédrico. En tanto que fenómeno sociológico, tiene multitud de caras e implicaciones, por lo que hablar de fútbol en estos términos distorsiona la realidad en tanto que reduce el fenómeno a una de las caras, la de el papel del fútbol como instrumento del poder, aunque incluso hablando concretamente de este asunto esa visión del fútbol es reductiva, porque no sabemos de qué poder nos hablan, y además se da por hecho que las personas que siguen el fútbol profesional desdeñan otros aspectos de su vida que atañen a su propia supervivencia. 

El fútbol es, a mi juicio, un espacio socialmente homologado para proyectar el instinto guerrero de la sociedad; para la épica. Este instinto que todos tenemos, no es algo positivo ni negativo, es algo que simplemente existe, y que además ha tenido siempre una gran presencia en el arte y el pensamiento occidental. La grandeza de los héroes homéricos pasa por el combate, su valentía y su papel destacado en la batalla.

Ver a unos atletas medir sus fuerzas e intentar lo extraordinario mediante la aniquilación del contrario, es algo que indudablemente fomenta ese sentimiento épico. El fútbol permite circunscribir esta necesidad de héroes a un campo concreto, y sirve de válvula de escape para que determinados sectores sociales se identifiquen con estos seres extraordinarios.

Así, mucho equipos se atribuyen a sí mismos la representación de una ciudad o de un territorio, y si bien la correspondencia no es total, si terminan por asociarse a ellos sociologicamente. El FC Barcelona se atribuye a sí mismo la representación de Cataluña con su eslogan "más que un club", y si bien esta concepción es fantasiosa por ser la mayoría de los aficionados al Barcelona en España ajenos a Cataluña, si consiguen transmitir tal imagen, y ser considerados como tal.

Otros sectores, se oponen al Barça por identificarlos con el escaparate del nacionalismo catalán, y otros, apoyan al Madrid porque consideran que es quien mejor representa a España como nación etc.

Vemos pues que el fútbol es un espacio donde indirectamente se proyectan las cuestiones y rivalidades socio-políticas, y que por tanto la victoria de uno u otro equipo objetivamente, por su valor simbólico-propagandístico, o incluso económico para una región concreta, conviene a determinados sectores sociales. La identificación pues con un equipo, no es por tanto una identificación gratuita que no tenga importancia real alguna; responde, en la mayoría de los casos, a un interés sociológico que puede tener repercusiones directas y palpables en la sociedad, por mucho que tenga la apariencia de mero entretenimiento.  

Precisamente el entretenimiento, sería otra de las caras del poliedro. Los enemigos del fútbol ven en él una cosa indigna por ser puro entretenimiento, o más bien por aparentar serlo. El entretenimiento sin embargo es fundamental en la sociedad, quienes desdeñan el entretenimiento viven en una realidad distorsionada, pensar en un mundo en el que la gente esté constantemente dirimiendo cuestiones filosóficas estructurales no es sólo una utopía, sino una utopía siniestra y ridícula. Un mundo así sería un mundo de tensión constante en el que sería imposible ponerse de acuerdo en nada, pero fundamentalmente es una visión ingenua de la realidad. No entender la necesidad de la gente de buscar el entretenimiento en la competición es vivir en una burbuja de celofán. 

El fútbol tiene además una gran importancia social a escala microeconómica. Un buen partido es una excusa para quedar con amigos en un bar, o para que dos familias se reunan etc. Es un fenómeno que está enraizado en lo más profundo de la cultura popular. 

Por último, el fútbol tiene un interés técnico estético que los criticos también le niegan. Hablar del fútbol como algo tosco y carente de belleza es, de nuevo, atacar aquello que se desconoce. El fútbol, como todo, requiere de una técnica que los buenos aficionados conocen y saben identificar. Llegar a la excelencia futbolística es muy dificil, y además hay varias maneras de acceder a ella desde la técnica, y el verlas confrontadas es en sí un espectáculo de gran interés.

Barça y Real Madrid han alcanzado la excelencia futbolística por distintas vías, uno mediante el toque de balón, el otro mediante el juego fulgurante basado en paredes rápidas y pases largos y precisos. En la confrontación futbolística hay una belleza geométrica, una constante búsqueda de la perfección mediante el combate directo; llegar a la portería contraria teniendo en cuenta la eficacia, la velocidad, la precisión, la coordinación entre los participantes...la posibilidad de distinguir por ello entre partidos buenos y partidos malos. De nuevo quienes hablan desde esta perspectiva del fútbol como una cosa tosca y sin interés más allá de la mera fuerza bruta quedan en ridículo ante quienes de verdad aprecian el fútbol porque lo han mamado desde su niñez. 

El fútbol pues es un fenómeno complejísimo, de gran interés antropológico y sociológico que no debe ser desdeñado por los intelectuales. Indudablemente, se puede criticar al fútbol desde muchos puntos de vista. Pero ningunearlo, reducirlo a un hobby de cavernícolas y encima hacerlo desde una perspectiva pretendidamente intelectual es un error. 

Me despido con un vídeo que simbolice la reconciliación entre intelectuales crepusculares y el fútbol que tanto detestan. http://www.youtube.com/watch?v=ta1KfRX06kA

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