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Si bien es verdad que la izquierda ha terminado de perder su norte ideológico con la caida del muro de Berlín y la imposibilidaad de encontrar un modelo alternativo al constituído por la dicotomía propiedad estatal-propiedad privada en la que se manejaban en el plano teórico, es cierto que en ella, y en grupos de la derecha liberal subsiste un "universalismo" de raigambre netamente humanista que pasa por alto la importancia de los estados, y los considera o bien meros obstáculos para alcanzar la unión de la humanidad ( lo que no les impide simpatizar con nacionalismos de las regiones españolas) o bien como algo necesario en la medida en que debe arbitrar el comercio y relaciones entre los ciudadanos del mundo.
Este universalismo, encarnado en la famosa frase "yo soy ciudadano del mundo", se ha contagiado a un nada desdeñable sector del cuerpo electoral español que no necesariamente se considera de izquierdas o de derechas.