Mañana de sol entre días de lluvia. Fútbol matutino y tiempo para escribir. No puede haber un modo más feliz de empezar el día. Y es que la dificultad de los tiempos que corren hace necesarios estos excepcionales momentos en que uno se relaja y se abstrae del tedio cotidiano , y dedica unas pocas horas a hacer algo productivo, y que al mismo tiempo sirve de desahogo personal; iniciar la andadura de este blog.
Con tal fin voy a relatar los pensamientos que me han invadido en los últimos días, a raiz de lo que me dijo una empresaria de mediana edad y claramente “de izquierdas” (así es como se define ella). La frase es la siguiente: “claro, al principio, cuando me instituí como SL me dije a mí misma: ¡pero qué estoy haciendo!, porque uno siempre tiene la imagen de que los empresarios son explotadores...¿me voy a convertir yo ahora en empresaria? Y bueno claro, es que las cosas se pueden hacer de otro modo...”.
Esta única frase condensa la mutación de la izquierda en sus últimas décadas. Refleja lo que la izquierda fundamentalmente era y lo que la izquierda fundamentalmente es, y al mismo tiempo, refleja los prejuicios que los españoles, por diferentes motivos, tienen hacia la iniciativa privada; en este caso se demuestra cómo incluso quien se animó a tener iniciativa, lo hizo a pesar de sus prejuicios.
La frase de la señora ( mujer de indudable buena fe, por otro lado), deja bien claro que la imagen que ella ha tenido siempre de la empresa es la de la explotación del trabajador. Tal concepción, evidentemente tiene un origen marxista, pues si ella consderaba a la empresa privada como fuente de opresión, hasta el punto de tener un conflicto interior a raiz de sus principios, se deduce que opone a la empresa privada la pública como modelo que garantice la no explotación de los trabajadores. Ello equivale a una oposición, si no consiciente si implícita, a la propiedad privada. La acumulación de capital en manos personales es el origen de las desigualdad. Estoy convencido de que ella nunca se ha declarado comunista de ideología. Pero vemos como las máximas socialistas estaban disueltas en ella. Esta frase por tanto, refleja lo que la izquierda fue, un reflejo del modelo soviético, aunque se encarnara en versiones “impuras” y eclécticas, por decirlo de algún modo.
La segunda parte de la frase; “pero claro, las cosas se pueden hacer de otro modo, representa lo que la izquierda es. Una ideología que acepta necesariamente, al no haber modelo soviético, la propiedad privada y lo que de ello se deriva, pero que se opone a la explotación al considerar que el propio empresario puede tener los valores como para llevar a cabo su posición de primacía, su “manejo del mango de la sartén” de un modo justo y generoso. Esta frase, repito, refleja lo que la izquierda es: nada.
Y es que este principio de buena fe perfectamente lo puede suscribir alguien de derechas, partidario de medidas que favorezcan el libre mercado, y cuya ética se mueva por principios semejantes que por ejemplo, se deriven de sus creencias cristianas. De la frase se deduce que la izquierda, es la que tiene buena fe, y la derecha es la que no la tiene. No hay objetivamente ideas económicas estructurales que diferencien a la una de la otra.
Y es que este principio de buena fe perfectamente lo puede suscribir alguien de derechas, partidario de medidas que favorezcan el libre mercado, y cuya ética se mueva por principios semejantes que por ejemplo, se deriven de sus creencias cristianas. De la frase se deduce que la izquierda, es la que tiene buena fe, y la derecha es la que no la tiene. No hay objetivamente ideas económicas estructurales que diferencien a la una de la otra.
Esta mujer es de esas personas que en su momento se decidieron a trabajar por su cuenta, a montar su propia empresa. Por tanto, la podemos considerar dentro del sector económicamente dinámico del país. Si el desprestigio de la concepción del emprendedor invade incluso a los que se convierten en emprendedores no es dificil pensar que gran parte de quienes no lo son albergan prejuicios similares; algunos por estas razones ideológicas que hemos desgranado, otros por motivos muy diferentes. Entre ellos está la idealización del puesto de funcionario.
Ser funcionario significa por un lado, tener un puesto fijo, unos ingresos que variando dependiendo del puesto que ocupes, son por lo general suficientes como para llegar a fin de mes con cierto desahogo, y unas buenas vacaciones. Es la manera fácil de alcanzar la comodidad. Por otro está la gente que estudia una carrera con salidas, cmo pueden ser derecho y economía, y acaban trabajando -o acababan, cuando se contrataba a la gente- para prestigiosos bufetes o grandes empresas, y que solo en casos muy concretos se animan a crear su propia agencia de contabilidad o bufete de abogados.
Ser funcionario significa por un lado, tener un puesto fijo, unos ingresos que variando dependiendo del puesto que ocupes, son por lo general suficientes como para llegar a fin de mes con cierto desahogo, y unas buenas vacaciones. Es la manera fácil de alcanzar la comodidad. Por otro está la gente que estudia una carrera con salidas, cmo pueden ser derecho y economía, y acaban trabajando -o acababan, cuando se contrataba a la gente- para prestigiosos bufetes o grandes empresas, y que solo en casos muy concretos se animan a crear su propia agencia de contabilidad o bufete de abogados.
Lejos de querer convertir esto en una exposición de clichés, y siendo consciente de la complejidad del tejido económico de un país y de su tremenda diversidad productiva, lo que me interesa es resaltar una cosa: la falta de iniciativa de los españoles. El modelo económico de “ladrillo y funcionarios” que imperaba y que se derrumba ahora, aunque permitió una prosperidad económica en la que florecieron empresas, tenía estos prejuicios como ideología oficial; siendo su resultado un tejido económico vulnerable a los efectos dominó por un lado, y dando lugar a un funcionariado excesivo por otro; potenciado por la descentralización desordenada y el auge del autonomismo.
La crisis de España va mucho más allá de las consecuencias de la quiebra de Lemman Brothers. Va siendo hora de que nos demos cuenta de que individualmente tenemos la responsabilidad de sacar el país adelante; es decir de sacarnos a nosotros mismos del hoyo, y para ello no podemos quedarnos de brazos cruzados exigiendo que el estado de bienestar nos ayude por la gracia divina; pues el estado del bienestar será más saludable cuanto más saludable y dinámica sea la economía de un país. Y la economía española no puede ser sana y saludable mientras los españoles no asuman su responsabilidad individual, mientras no cambie la idea de que papá, el estado, Europa o la divina providencia nos deben ayudar, es decir, mientras España no se sacuda ese infantilismo nefasto que de unos años a esta parte le caracteriza.
No abogo aquí por que todo el mundo se lance a crear pymes, simplemente abogo por un cambio de actitud que pasa por asumir un principio elemental: que la responsabilidad de lo que uno termine siendo es siempre de uno mismo. Aunque las coyunturas generales inevitablemente determinen como es el panorama, de los individuos puede surgir la posibilidad de modificarlo.
Bien que lo menciones. Quiero añadir que para ese cambio de actitud también son necesarios modelos éticos a seguir. De momento, como tú bien dices, existe un modelo de actitud estándar regido por valores de seguridad, comfort y bienestar promovidos no sólo por la propia estructura sino también por un modelo mediterráneo de bienestar en el que más vale tener las cosas cogidas por el cuello y la comida caliente en la mesa que desafiar al destino y echarse a la aventura como un buen quijote. El empresario emprendedor con iniciativa tiene mucho de Quijotesco o de románticismo, si se quiere. Son estilos de vida marcados por una ética del aventurero que arriesga ponerse en marcha en una odisea impredecible. Nuestro modelo de bienestar es promovido por las propias madres españolas que dicen a sus hijos "como en casa no vas a estar en ninguna parte" pero también por cada uno de nosotros cada vez que tenemos la palabra o la oportunidad de producir referentes para una ética del aventurero crepuscular. Teniendo al Quijote como estandarte cultural no nos hace falta ir a buscarlo fuera de casa ni pensar en Indiana Jones, sin embargo es necesario que el concepto de felicidad no esté necesariamente unido al de sociedad de bienestar ni a un empleo fijo ni a un sueldo regular ni a quedarse en casa de los padres hasta los 30 ni comprarse un coche a las 18 ni a tener una caa propia, etc. Para ese cambio de actitud del que hablas hay que promover y promoverse una alternativa al concepto de felicidad de la sociedad del bienestar.
ResponderEliminarEstoy de acuerdo contigo en esencia. Dicho en dos palabras no hemos aburguesado tanto, que el hedonismo mal entendido se ha convertido en la filosofía inconsciente de vida de los españoles jóvenes. Me aburro mucho estudiando algo que no me gusta nada con la idea de tener un puesto fijo, si puede ser de funcionario mucho mejor. Así, garantizo que no me echen, me puedo ir de copas el fin de semana y ala, a cantar las virtudes de la democracia. Hay un miedo tremendo a asumir riesgos, y eso es nefasto. Todo el mundo se quiere imbricar en las estructuras tradicionales y así no hay fluidez alguna, la situación es de rigidez total. Yo creo que con que un número determinado de gente le echara cojones, se saldría de la crisis. Todo es una cuestión de confianza.
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