13 de noviembre de 2011

Ford el materialista



De entre todas las películas de Ford una me parece especialmente destacable; El hombre que mató a Liberty Vallance. Ford siempre fue un director criticado por parte de la izquierda bienpensante; se le consideraba representante de los ideales del imperio por antonomasia,y bajo tal función se le acusaba de demonizar a los indios, exaltar los reaccionarios valores patrióticos americanos, e incluso se le tildaba de filofascista por hacer apología del uso de la fuerza como modo de imponer la ley. Este desprecio por Ford se correspondía con una admiración casi mística por determinados directores europeos, provenientes en muchas ocasiones de países nórdicos, cuando no de Francia e Italia. Ellos, dicen, representaban el gusto por la intelectualidad cinematográfica, la representación realista de las tragedias humanas, frente al frenético cine de Hollywood, que vendía la coca-cola con la misma eficacia que la sexta flota del Pacífico.
Sin entrar en consideraciones sobre el papel que el cine americano ha representado como máquina de propaganda del imperio, voy a hacer una apología del cine de Ford, a través de El hombre que mató a Liberty Vallance.

Roman Gubern, en su Historia del Cine, dedica varias páginas a hablar de una película checoslovaca de los años 30 en que una mujer desnuda corre por los bosques mientras se intercalan imágenes de un caballo. El autor explica extasiado cómo ese, para él bello simbolismo representa con crudeza la sexualidad femenina, y se recrea ante lo que él denomina profundidad psicológica y belleza simbólica. Paralelamente, despacha la película de Ford Qué verde era mi valle con dos líneas escasas, definiéndola como lacrimoso film característico del período de guerra que se vivía.
De esto se puede deducir claramente el criterio que este famoso crítico y experto en cine tiene a la hora de juzgar el valor de una película. El criterio es el siguiente; la pretensión de una película de sumergirse en la mente humana haciendo uso de un simbolismo oscuro es en sí mismo un valor digno de ser admirado. Y digo pretensión porque nada importa que ello derive  en montajes tan grotescos como el que acabo de describir de esta película checoslovaca. Dicho de otra manera: la mera pedantería es en sí un valor que permite por lo menos aprobar a una película aunque esté completamente vacía, mientras que las películas comerciales, están abocadas a ser superficiales, horteras y de baja calidad. Para hablar del desprecio a Ford, hemos de añadir a esto los prejuicios antiamericanos.

Ford no puede ser antiamericano porque es americano, y por otro lado creo que es evidente que su cine es todo menos simple. El hombre que mató a Liberty Ballance es una tragedia que representa el choque de dos realidades; el proyecto de ley y justicia del protagonista encarnado por James Stewart y el reinado del terror que Liberty Ballance ha impuesto. Ante la inoperancia del Sheriff y la ausencia de un poder coercitivo del estado capaz de acabar con su dominio, imponer la ley solo es posible mediante el incumplimiento de la misma, el asesinato. De nuevo vemos aquí representado la questión cervantina de las armas y las letras; ha de imponerse el poder de las letras ( es decir de las leyes) pero estas son papel mojado si no están precedidas de las armas.
Algunos creen atacar a los valores conservadores al criticar esto, pero realmente a quien atacan es al sentido común. El régimen que sea, sea el soviético, el americano, la paz romana o el imperio español necesitan de las armas para imponer su paz, pues la paz es la paz de la victoria, la paz bajo un dominio; no cabe la paz en la diversidad y el equilibrio de fuerzas.

En los últimos tiempos, está muy de moda ensalzar la diverdidad como valor. Quienes la ensalzan ensalzan la paz al mismo tiempo y relacionan la una con la otra. Sin embargo solo si la diversidad es superficial cabe una convivenecia pacífica entre ellas; las diferencias estructurales conllevan choques estructurales, y la lucha es necesariamente a muerte. EL protagonista de esta película de Ford padece la tragedia, pues sin creer en el asesinato a sangre fría ve cómo quien asesina por la espalda al malhechor es elevado a los altares, alguien que por cierto, se gana su propia admiración. “Cualquier cosa, por el hombre que mató a Liberty Ballance”, es la frase que cierra la película. El cine de Ford vuelve aquí a representarse como las vicisitudes de unos personajes que viven allá donde la supervivencia está siempre amenazada, donde la tragedia pende siempre su espada de damocles, donde todo se pone a prueba, y los personajes adquieren toda su personalidad, pues en sus papeles de el duro, el idealista, la mujer con coraje, el borracho etc, operan buscando la paz, su paz; y lo hacen como no podía ser de otra manera, con el fusil en la mano y la angustia en el corazón.

A tal metáfora de las contradicciones de la vida y sus tragedias, que se funden con el humor y la ternura que son la otra cara de la misma moneda, muchos representantes de las elites oficiales de la cultura española oponen una señora corriendo desnuda perseguida por un caballo, o un jamón aplastando una cabeza.

Detrás de cada postura hay un tejido ideológico; la indefinición pedante, la pretensión sin contenido por un lado, la lucidez realista, encarnada circunstancialmente en los valores del imperio americano por otros. La primera, se apoya en el postmodernismo y el ensalzamiento de lo difuso y fácil, en el psicologismo subjetivista. La segunda en una visión materialista, en tanto que coloca a los sujetos operatorios en sus posiciones respectivas, poniendo de manifiesto la falsa universalidad de sus valores, y dibujando una representación descarnada de la realidad que sirve como metáfora de la propia vida.    

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