21 de noviembre de 2011

Sobre el 20-N


A nadie se le escapa que el PSOE está hundido. Ciento diez escaños representan su record negativo; es la debacle de las debacles. Este resultado, finalmente da la razón a quienes llevamos siete años sosteniendo que el zapaterismo es un fenómeno cancerígeno, por su carencia de ideas objetivas sobre España, la economía, el estado del bienestar, la ordenación territorial etc. Bajo la simplona carcasa de aparentes ideales universales no había basamento teórico alguno, que sí podía haber tenido el PSOE de González, ni plan alguno para España. El presidente que negó la crisis para ganar las elecciones en 2008 ha sucumbido aplastado por la crisis. Las mentiras, la confianza en la improvisación continua y en la demagogia, la ausencia total de sustancia teórica han cavado su tumba, y dejado al PSOE, como he oído decir a alguno "los reyes del mambo" en la historia de nuestra democracia, sin poder alguno.


Toca una refundación en el Partido Socialista. El fenómeno de corrupción ideológica que ha supuesto el zapaterismo se ha vuelto finalmente contra su propio partido, y este, debe replantearse incluso la conveniencia de su propia existencia con las mismas siglas, o si debe fundarse otro partido que ocupe el hueco del llamado centro-izquierda. 

Al PP le queda una herencia nefasta, una crisis internacional magnificada por las circunstancias nacionales. La necesidad de acometer medidas impopulares y la legitimidad en las urnas de afrontarlas. Que nadie espere una salida de la crisis a corto plazo, sin embargo antes o después, la crisis pasará. Con Rajoy o con quien sea, pues no hay crisis económica que dure eternamente. 

Silenciada por la crisis económica está la soterrada crisis nacional española que supuso la reforma de los estatutos de autonomía, una espiral de descentralización que ya se había iniciado con anterioridad, pero que el zapaterismo ha acelerado con la imprudencia e irresponsabilidad que le caracterizó siempre. La verdadera prueba para Rajoy, bajo el ruido de la crisis financiera y el paro, consiste en saber si tendrá los arrestos necesarios para, con mayoría absoluta, revertir ese proceso de mutación constitucional que ha supuesto la reforma de los estatutos. Soy pesimista a este respecto. Solamente UPyD, con todos sus defectos, parece decir con voz clara que ante el caos del sistema autonómico, sólo un mayor grado de centralismo garantiza la igualdad real de los españoles ante la ley, y que sólo mediante la centralización de la educación se puede evitar que se eduque en ideas fanáticas y contraproducentes para los intereses generales de España, que es lo que nos incumbe. Solo UPyD dice claramente que la descentralización asimétrica del actual estado de las autonomías es reaccionario, hasta el punto de recordar a la España de los Austrias, desaparecida hace trecientos años. Solamente un partido con cinco diputados, pese a superar el millón de votos, defiende tales posturas. 

Veremos si Rajoy tiene valor para remover los asuntos que incumben a la base del ordenamiento jurídico de España, cuya solidez territorial se ha visto corroída por defensores de una organización territorial medieval, insolidaria, pesetera y provinciana; profundamente reaccionaria pese a su barniz progre. El PP ha sido siempre cómplice de ésta deriva, por lo que tengo serias dudas al respecto.  

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